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Baltazar y el clarofuego

greca 23-12-2008 GTM 1 @ 19:16 Tags:

ojosverdes.jpgSí, el color rubio había entrado en mi vida. Era como una enfermedad que contraje cierta mañana de primavera mien­tras recorría el mercado de esclavos de Baaluk. Y cuando Biltina se presentó ungida y perfumada en mis aposentos, no hacía más que encarnar aquel giro de mi destino. Primero fui sen­sible a la claridad que parecía emanar de ella entre las oscuras paredes de la estancia. En aquel palacio negro Biltina brillaba como una estatuilla de oro en el fondo de un cofre de ébano.

Se sentó en cuclillas sin ninguna ceremonia frente a mí, con las manos cruzadas sobre su seno. La devoré con los ojos. Pensaba en las malignidades que poco antes había proferido Kallaha. Había aludido al vello de sus antebrazos, y en efec­to, bajo la luz temblorosa de las antorchas veía sus brazos des­nudos centelleando de reflejos de fuego. Pero sus orejas desa­parecían bajo largos cabellos destrenzados, su fina nariz daba un aire de inteligencia insolente a su rostro. En cuanto a su olor, redondeé mi nariz con el fin de captar algo, pero más por apetito que para verificar la vieja calumnia repetida por la matrona respecto a los blancos. Así permanecimos largo rato, observándonos el uno al otro, la esclava blanca y el amo negro. Yo sentía con terror voluptuoso cómo mi curiosidad por aquella raza de características extrañas se iba convirtien­do en apego, en pasión. Lo rubio tomaba posesión de mi vida...

 De la novela de Tournier, Gaspar, Melchor y Baltasar. Pag 12.-

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