en ocasiones
En ocasiones se sentaba a pensar que su atigrada dermis provenía de un excesivo deseo de la selva, de ese alarido que el viento en la ciudad desparramaba sobre los techos de los altos edificios, donde se disfrazaba de húmedos fantasmas para colarse en los pasadizos del subte línea D.
Lo sabía.
Pero no daba en comprender porque cada vez que intentaba cantar aquel 'Djelem Djelem' solo salían gruñidos de su garganta, como si fuera a devorar al rubio fotógrafo que fijaba lentes invisibles en la atigrada piel ya intolerante de jeans gastados o faldas clásicas. Mientras leia Zarathustra y fumaba habanos auténticos en el ático de la Calle Malavia esquina Guemes, su olfato obtenia aromas salvajes del aire de Octubre-

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0ERO QUE BELLEZA ESTO
xx | 07-12-2008 - 20:16:25 GMT 1 #