Sobreabundan esos machos teleféricos que leen poemas en la tele, y opinan sobre mujeres, como si estuvieran en algún altar andrógino
testosterónicos
protagónicos
bulímicos de ego,
homofóbicos
de barba rala y orejas en crecimiento.
Intoxicados de hormonas, energéticos
aparecen en todas las librerías con las páginas abiertas, partidas al medio, a la espera que alguna mano (en lo posible masculina) les viole la letra parental mezclada en saliva.
mientras en la honda noche, sus madres, hermanas, esposas, amantes, siguen lavando ropa, cocinando fideos a la provenzal.... y se cansan de alcanforar los ambientes con olor a semen precoz.
Mientras ellos, los machos, no todos,
escribían las ruinas circulares, zarathustra, casa de muñecas y leviatanes, para que una centura despues venga otro ilustre macho
a decir como sensual operación quirúrgica, su crítica testosterónica
protagónica
bulímica y homofóbica
que esdrújula les hace salivar su narcisismo al proclamar 'obra maestra, fundante y liminar, indispensable en cualquier biblioteca'.
Así son ellos, con ellos, entre ellos. No todos.
Pero si aparece una mujer
sus 4 sentidos junto con el hemisferio izquierdo y su ojo posterior invicto
se ponen en alerta máxima antes de caer en la hecatombe, la bilis, o la coquetería cuando comprueban de qué se trata Una Mujer.
Y se lanzan a su cacería como sortilegio, exorcismo o recurso desesperado,
no sea que se les ocurra comparar, competir, y sentir que pierden pié
y en falsa escuadra, entre prozac, faso y ginebra,
se van por la alcantarilla sin glamour,
dejando su lugar al próximo macho joven que tal vez lo emule...
(Hay que delegar, después de todo)
ALICIA BENITEZ INES.
de Piel de judas.